Hace 10 años, todo empezó en Perú

Ciudad de México, México, Oct. 2, 2015.- Omar Esparza tomó el balón con las dos manos a los 30’ de un juego tenso en el Estadio Nacional de Lima, Perú. El lateral devolvió el esférico al terreno de juego y empleó toda la fuerza de sus brazos para que la pelota llegara a Giovani dos Santos, aquel “brasileño” habilidoso, talentoso, vestido para esta ocasión de camisa blanca y pantalón verde, como un “infiltrado” de los indumentados con una legendaria camisa amarilla y pantalones azules.

Pero no, Giovani dos Santos había olvidado hace tiempo su pesada ascendencia, lo olvidó por completo y simplemente extendió su pierna izquierda todo lo que pudo para que el balón mandado por Esparza no se le escapase. El atacante se apropió de la pelota y aguantó estoico la marca de dos de quienes bien pudieron ser sus compañeros de cuarto. Media vuelta y se enfiló hacia la línea final de una cancha que parecía comerle los sueños al entonces canterano del Barcelona, quien acabó la jugada más importante de su carrera hasta ese momento con un centro otorgado por una habilidosa pierna derecha.

El balón no tomó mucha altura, pero estaba cargado de un veneno más mortífero que cualquiera existente en las bestias rastreras del temible Amazonas. Una hiena en Perú olfateaba el veneno; no le tenía miedo, al contrario, lo deseaba. Carlos Vela se estiró y se impulsó hacia el frente, tiró a matar. Su cabeza impactó con un esférico que acabaría en las redes. A partir de ese momento, México era oficialmente Campeón del Mundo por primera vez en la historia del balompié. Un título oficial en categorías inferiores en una Final que sería aderezada con otras dos anotaciones: la de Omar Esparza y Ever Guzmán; un 3-0 a Brasil que le dio a México su primer título mundial en la categoría Sub 17, hace ya 10 años. Un 2 de octubre que se aferra al recuerdo y al olvido al mismo tiempo.

Para muchos, el máximo logro del futbol mexicano hasta ese momento se conquistó en Perú en aquella noche que compitió de inmediato con las dos finales jugadas en Copa América o laCopa Confederaciones obtenida seis años atrás. El mayor triunfo o no, México tenía un motivo para celebrar, aunque fuera en categorías inferiores; México tenía por fin a sus héroes, aunque fueran niños; México tenía prestigio, aunque este tardara en llegar.

Jesús Ramírez acopló un conjunto de talento y seguridad que, de inmediato, fue objeto de observaciones y elogios respecto a una “mentalidad ganadora”, alejada de los viejos vicios del futbol mexicano. El técnico fue el gran maestro detrás del anhelado trofeo, el orquestador de un grupo de jugadores que creyó en sus aspiraciones desde el primer momento.

Casi 195 años después del inicio de la lucha por la independencia de México, otro 16 de septiembre marcaba el inicio de una campaña con anhelos e ilusiones; esperanzas que estaban destinadas a hacerse realidad. Uruguay era el primer obstáculo en el camino de los dirigidos por “Chucho” Ramírez, quienes llegaban a Perú lejos, muy lejos de la etiquetas de favoritos. El Tri ni siquiera era el rival más temible de la Concacaf, ya que tal honor recaía enCosta Rica.

Los “Charrúas”, siempre competitivos en cualquier nivel futbolístico, sucumbieron 2-0 ante la escuadra mexicana en Lima. El Tri se encarriló y, tres días después, goleó a Australia 3-0 en el mismo escenario. Aún en toda ilusión, puede llegar un baño de realidad y para esta ocasión, México no fue la excepción; no obstante, este llegó en el momento adecuado al caer en el último encuentro de la Fase de Grupos por 2-1 ante una sorprendente Turquíaen Piura; este revés no impediría que los verdes avanzaran a la siguiente ronda.

Para entonces, la dupla Carlos Vela-Giovani dos Santos ya armaba mucho revuelo en tierras incas. Costa Rica lo sabía. El “gigante juvenil” de la Concacaf era el rival de México en Cuartos de Final en Piura. Los Ticos, favoritos, tocaron el orgullo tricolor. Partido especial para Efraín Juárez, responsable de la eliminación de su equipo por un autogol a los 67’ y también responsable del pase de su escuadra al enmendar su error y marcar cuando faltaban dos minutos para el final del encuentro. Ever Guzmán y Carlos Vela completarían la obra y el primer gran milagro mexicano.

Más miradas voltearon a ver a los “Niños héroes”, quienes tenían en Semifinales ahora a un gran favorito para llevarse el certamen. El escepticismo presente en propios y extraños se disipaba aún más con un marcador que hizo parecer todo el encuentro ante Holanda como un auténtico día de campo: 4-0, una escandalosa facilidad y un no menos escabroso resultado en Chiclayo: México jugaría por primera vez una Final Mundial en futbol, aunque fuera de “chavos”.

El regreso a Lima no pudo ser mejor. El 2 de octubre de 2005, México se valdría del uniforme más temido del mundo para forjar su propia leyenda. La Final que nadie entre Tijuana y Cancún olvidaría.

César Villauz, Patricio Araujo, Héctor Moreno, Adrián Aldrete, Edgar Andrade, Juan Carlos Silva, Ever Guzmán, Enrique Esqueda. Varios nombres se dieron a conocer en Perú en aquel 2005, nombres que acompañarían al futbol mexicano en los años venideros. Con el histórico título, el clamor general fue casi unánime: impulso a estos jóvenes. Sin embargo, mucho de ese “empujón” profesional llegó en forma de debuts adelantados y forzados en Primera División. México, como país, no supo manejar el éxito que llegó casi de la nada cuando el clamor general de medios y afición se reducía a dos “sencillas” ordenanzas.

1. Debut inmediato de todos los elementos en Primera División

2. Cuando menos dos o tres futbolistas en la titularidad de la Selección Mexicana mayor y otros tantos en banca

El dúo sobresaliente Vela-Dos Santos era pieza de otro museo. Ambos elementos no tardaron en ascender al primer equipo y debutaron con el combinado absoluto el 12 de septiembre de 2007 en un amistoso ante Brasil. Sería el inicio de una carrera tortuosa en un inicio para ambos elementos, quienes fueron presionados y cuestionados desde un principio. La magia mostrada en Perú aparecería muy a cuenta gotas en un plano profesionalmente superior: el grifo del talento se cerraba paulatinamente y, con él, llegaba el desencanto.

La gran mayoría de los “Niños héroes” debutaron en Primera División. Lo que pretendía ser la generación que llevaría a México a alzar su primer Mundial en categoría mayor, fue dispersándose filtro a filtro, aunque otros elementos como Moreno, Juárez, Andrade, Guzmán, Esqueda y, por supuesto, el binomio explosivo al ataque lograron brillar con luz propia, no sin antes mucho sufrimiento, como el peregrinar de Vela y Dos Santos por Europa, cuyas cartas pasearon por medio continente los equipos propietarios (Arsenal y Tottenham respectivamente).

El Mundial de 2005 animó a la Federación Mexicana de Futbol a organizar el certamen de 2011, el cual arrojó un éxito similar. México sería Bicampeón Sub 17 tras ganar la Final ante Uruguay en el mismísimo Estadio Azteca (2-0). La experiencia peruana hizo que esta vez, el festejo fuera más mesurado.

Todavía se alcanza a ver los últimos vestigios del confeti y la serpentina de 2005. Una década diferente en el futbol mexicano; 10 años peculiares en los que se ha vivido triunfos como en 2011 o en 2012 en Londres, decepciones por que los “Niños héroes” no fueron capaces de llevar el Mundial Mayor a las vitrinas de Colima #373, incluso fracasos notables en Copas América y Copas Oro. Todas las emociones en una sola, pero por primera vez, uno de los sentimientos fue el del triunfo: todo inició en Perú, hace una década.

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