Al Maestro Renán Guillermo, en este día inolvidable…

La cultura, en su comprensión más extensa, representa el modo particular con el cual los hombres y los pueblos cultivan su relación con la naturaleza y con sus hermanos, con ellos mismos y con Dios, a fin de lograr una existencia plenamente humana. En cuanto tal es patrimonio común de todos los pueblos.
La cultura no solamente sirve para absorber e impartir conocimientos, despertar talentos y refinar destrezas; también sirve para promocionar la verdad, las virtudes y las buenas actitudes. Un ser humano virtuoso es verídico en todas las circunstancias, recto en pensamiento, en palabra y en obra.  Además es susceptible de ser imitado por sus actitudes siempre decorosas.
Todos debemos ser gestores de la educación y de la Cultura; a causa, en parte, a que todos enseñamos (incluso lo que no debe hacerse), y hemos de considerar todos los aspectos que pudieran malformar a personas y relaciones, porque la mala formación puede convertirse en desobligante y permanente, y hasta constituirse en formas “normales” de relación. Todo lo que no sea soportado por una axiología aceptada socialmente se colapsa y se pervierte, dando origen a daños mayores. Las sociedades se descomponen cuando se corrompen los idearios, cuando cada uno opta por una escala de valores individual o una ética particular. Si en base a esto se proponen metas, no quedará mucho por escoger ni mucho qué desear.
En el quehacer artístico y cultural la aceptación del otro es realidad imperativa. El otro merece todo lo que yo merezco y, además, han de ser valiosos sus puntos de vista y sus reflexiones. Por tanto resulta imprescindible modificar conductas, actitudes, expresiones y comportamientos que subvaloran y descalifican no sólo al artista o al promotor cultural, sino a todo el ámbito cultural. Si tenemos prejuicios de fondo y estigmas que parten de suponer que la identidad cultural y la forma de actuar propia es la auténtica y debe ser universal, debemos entender que estas expresiones y comportamientos son extremos y van acompañados de odio y agresión a personas o grupos sociales que consideramos disminuidos o marginados. Pensar que lo mío es lo mejor y más importante es el gran error que cometemos a diario. Por eso hay que aprender a decir que los otros también son destacados y valiosos.
Quizá si miráramos un poco más dentro de cada uno de nosotros; descubriríamos que tenemos parte de culpa en la lamentable degradación que vive estos días la actividad artística y cultural. El silencio, la apatía y la indiferencia han dañado profundamente a la Cultura en Yucatán. Por todo esto aprovecho la entrega en el Senado de la República del importante galardón Ray Tico que la Comunidad costarricense ha otorgado al maestro Renán Guillermo González- igual que a otras connotadas figuras como don Ignacio López Tarso, César Costa, Silvia Pinal, la premio Nóbel Rigoberta Menchú, el pintor José Luis Cuevas y la deportista Ana Guevara- para exhortar a la comunidad artística y cultural yucateca a no ser cómplice de delitos. Denuncien, no se presten a engaños, digan no a la cultura del facilismo y del dinero fácil, y sí al esfuerzo, al trabajo, a la justicia, al estudio y a la capacitación. Con esfuerzo las cosas se hacen valiosas y se convierten en tesoros. El maestro Renán Guillermo nos muestra el camino. Súmense al esfuerzo, a lo decoroso, a la elegancia que hay en el buen diálogo, a la mano amiga.
Imprescindible recordar también que para el desarrollo de la creación en el arte y la cultura no se necesitan muchos promotores. Para que el arte y la cultura florezcan basta que existan los artistas, que exista el talento, que exista la enorme creatividad que descubrimos en tantos compositores, escritores, poetas, pintores, escultores y toda la amplia gama que significa el movimiento cultural yucateco.
Necesario, eso sí, trabajar arduamente en la consolidación de propuestas incluyentes y plurales. La educación y la cultura son los mejores vehículos para enseñar y comprender. Deseamos un ambiente cultural donde quepan todos, por eso es importante la excelente articulación entre promotores y artistas, para que pueda desarrollarse un trabajo profesional y así sumar esfuerzos desde diferentes escenarios y espacios que permitan la construcción de una nueva conciencia cultural donde estén todos incluidos, valorados y reconocidos.
Desarrollemos formas diferentes de pensar, de sentir, de actuar, de interpretar. Como amigo de Renán Guillermo he tenido el honor de observar los frutos del enorme esfuerzo que ha representado para él difundir y promover la actividad cultural en un ambiente mucho más propicio para otros acontecimientos, pues sabemos que para menesteres del arte y la cultura las condiciones no son siempre idílicas.
En una región como Yucatán, en un país como el que vivimos, donde por razones difíciles de explicar la difusión de la cultura siempre ha sido responsabilidad del Estado, vale la pena distinguir los diversos matices que encontramos en esta labor, que es muy legítima. Porque- ustedes lo saben- no todos son exclusivamente promotores. Están también los dueños de galerías, los editores, los empresarios, que además son hombres de negocios, pues invierten y arriesgan legítimamente su dinero promoviendo y difundiendo arte y cultura.
No obstante, desde aquellos lejanos tiempos de principios del siglo XX, quizá con Vasconcelos, surgió una especie distinta de gente convencida del valor que representan la cultura y el arte, profesionales diferentes como Renán Guillermo, que desde esa época remota se han dedicado, desde posiciones tanto personales como institucionales, desde el servicio público, a promover y a difundir la cultura, porque consideraron y consideran que es labor fundamental en un México donde el apoyo no siempre se da en las mejores condiciones, ya que muchas veces enfrenta la incomprensión y la intolerancia.
El Maestro y Promotor Cultural Renán Guillermo, es desde hace 42 años parte del ejército de mexicanos que, desde una convicción personal, se empeña en difundir y promover el arte y la cultura, en tender puentes entre la sociedad, las instituciones gubernamentales y los artistas. Ha trabajado con ahínco no obstante la cultura sea habitualmente menospreciada por los políticos y los gobernantes, con meritorias excepciones, como Ivonne Ortega, que tuvo la visión en Yucatán de hacer algo trascendente: transformar al Instituto de Cultura en Secretaría, de la cual el primer timonel fue precisamente el maestro Renán Guillermo González.
Desde la Secay- como se llamaba- el maestro Guillermo fue puntal creativo, mostró en qué consiste el valor y los objetivos de la difusión cultural y cuál es su misión. Y enseñó también algo fundamental: que la mejor carta credencial de Yucatán son sus artistas, son el arte y la cultura.
Estoy convencido que las tareas relativas al quehacer cultural se hacen- Renan Guillermo es el mejor paradigma- por la convicción de que se trata de algo notable, significativo y extraordinario, no solo por el valor intrínseco del arte, sino porque al poner en contacto a la sociedad con los valores del arte y la cultura- sobretodo con los que menos posibilidad tienen de acceso a ellos- se mejora la calidad de vida de cada uno de nosotros, ya que así se manifiestan la belleza, la inteligencia, la sensibilidad de lo que somos capaces de hacer como seres humanos; y se crean- de acuerdo a lo que pensamos- las mejores esperanzas, las mejores oportunidades para la convivencia humana.
Renan Guillermo, dos años después de dejar su ministerio cultural en Yucatán, en 2014, creó la Asociación de Promotores y Gestores Culturales de Yucatán (Aprogecy), movido por la convicción de que la promotoría cultural es una de las tareas más importantes ya que el arte, la cultura y la razón no deben ser privilegio  de unos cuantos, sino parte esencial en la empresa de civilizarnos, en la labor de formación de las nuevas generaciones.
Es el legado que dejó como Ministro Cultural, es el regalo que nos dejará cuando Dios decida llamarlo, es la herencia que no debemos olvidar y mucho menos soslayar. Su labor al frente de la Secay fue inmensa. Creó el programa nacional de Arte y Cultura contra la violencia, generó procesos culturales y cimentó programas sobresalientes como el Fomento Musical para la Niñez y la Juventud de Yucatán, a través del Sistema de Orquestas Juveniles; apoyó la digitalización de acervos de la Biblioteca Yucatanense, descentralizó bienes y servicios culturales, y posicionó a Yucatán en cuarto lugar nacional en la promoción y organización de eventos culturales.
En su momento, los yucatecos no nos dimos cuenta cabal de la profunda tragedia que significó la salida del ministro Guillermo González, de lo dramático y terrible que resultó para la Secretaría de Cultura. Fueron momentos tristes tras los años fructíferos que estuvo al frente, en los que realizó cambios profundos que fueron cortados de raíz por la incomprensión política. Cometieron el lamentable error de despedir a uno de los promotores culturales más valiosos de este país, rompiendo con la posibilidad de dar continuidad a los proyectos de difusión y apoyo cultural que el Maestro había concebido y alentaba en beneficio de la comunidad artística y cultural. Hoy vemos con toda claridad cómo aquella sinrazón contrarió y afectó precisamente ese punto: el del desarrollo de la cultura y del arte, y la situación de muchos artistas, empresarios y creadores.
Como amigo me complace enormemente dedicar este artículo a Renán Guillermo González. Mi familia y yo nos congratulamos que la Comunidad costarricense y el Senado de nuestra República lo distingan con ese galardón. Muy justo y merecido. Sin duda la mayor parte de la comunidad artística y cultural yucateca coincidirá con mi opinión. En estos tiempos- como el mismo Renán explicó- “la tarea de promotor cultural es muy amplia y hoy más que nunca importante para el desarrollo de nuestra sociedad”. Cierro este editorial compartiéndoles las hermosas palabras que pronunció mi hermano y amigo cuando supo que sería galardonado: “Este reconocimiento lo celebra mi alma como yucateco y claro, como promotor cultural. Es un honor y un reto para continuar, mientras Dios me dé vida, trabajando por el arte, la cultura y el desarrollo de Yucatán”. Dios te conceda muchos más, estimado Renán, felicidades.- Carlos A. Sarabia y Barrera, Abril 20 de 2017
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